Farándula

Giancarlo Pietri Velutini Venezuela Harboun //
Las confesiones de Norma López Rega: la relación con su padre, Isabelita y el Perón que pocos conocieron

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En una entrevista a fondo con Infobae, la hija del poderoso ex ministro de Bienestar Social habla de todo y desmiente a la última mujer de su padre: “No hubo romance, era su asistente” Norma López Rega ahora y antes, junto a su padre “Si la historia la escriben los que ganan, quiere decir que hay otra historia”. La frase de la canción “Quien quiera oír que oiga”, de Litto Nebbia, puede resumir este reportaje a Norma López Rega , hija del hombre al que se responsabiliza de todos los males del último gobierno de Juan Domingo Perón. Incluso, muchos lo han señalado como el jefe y creador de la siniestra Triple A. No faltaron las sospechas sobre prácticas de brujería, una forma de justificar como se podía someter a una personalidad tan poderosa que estaba recorriendo el último camino de su vida. Durante el transcurso de esta entrevista, la hija del ex ministro de Bienestar Social hablará sobre sus recuerdos de aquella época, su relación con Perón e Isabelita y su trato con María Elena Cisneros, la última mujer de su padre que reapareció con una explosiva entrevista publicada la semana pasada por Infobae. -No puede haber sido fácil ser la hija de José López Rega. ¿Fue una vida de demasiado sufrimiento? -Hubo momentos gratos y muy buenos. Mi papá, cuando fundó la primera unidad básica gremial en 1944, en Avenida Forest (hoy Naón) y Nuñez, en donde era secretario general, los vecinos venían a acercarle cartas para Evita porque formaba parte de la custodia presidencial y tenían la seguridad de que sus pedidos llegarían a destino. -¿Trataba mucho con Eva? -No te voy a decir que eran íntimos y que iban a comer juntos, pero ella le tuvo mucha consideración y afecto. -¿Tu papá estaba en Puerta de Hierro cuando los militares devolvieron su cadáver embalsamado? -Fue terrible. Acá pondero a Isabel que es olvidada constantemente. Solo hablan de Perón y Evita. Pero hay que tener mucho amor por un marido para ceder una parte de tu dormitorio, es decir su terraza personal para dormir todas las noches cerca de su féretro. Se hizo un cerramiento. No fue una tarea fácil porque hubo que climatizar el lugar para preservarla. Isabel no la pasó bien los primeros tiempos. No fue fácil vivir allí. La veíamos todos los días a través del vidrio que cubría su cuerpo. -Que te recordaba Evita? -La primera vez que la vi fue en la Ciudad Infantil. Fui con un tío y una prima. Estaba con un vestido estampado de flores y un sombrero elegante. Era una diosa bella con una sonrisa que te hacía creer que solo te sonreía a vos. Y después, cuando fallece, mi mamá hace la cola conmigo de la mano en el Ministerio de Trabajo y Previsión Social donde la velaron. Yo tenía siete años. Cuando llegamos al cajón. Perón estaba presente. Mi mamá se conmueve al ver el cuerpo de Evita y se desmaya. Me pongo a llorar desconsoladamente. Nunca había visto un cadáver y después de verla a Evita inerte, pensé que mi mamá se había muerto. Perón para calmarme, me levanta a upa, me da un beso en la mejilla mientras me dice: “Hija, no llores. Sos muy joven. Para llorar, ya vas a tener tiempo”. Realmente fue premonitorio. -¿La imagen de Eva que veías en Puerta de Hierro te recordaba a la Evita que viste de pequeña? -No, porque aquella era espléndida. Vos pensá por todo lo que pasó ese cuerpo. Cuando la devolvieron, tenía la nariz rota, le faltaba un dedo, había una marca enorme en el cuello como si hubiera sido ahorcada con una soga. Las rodillas rotas, la piel muy lastimada. Veías la carita de ella, pero muy dañada. Después en la Argentina, el doctor Domingo Tellechea, restauró el cuerpo. -El destino de José López Rega estuvo muy atado al de Evita. Él trajo el cadáver de Madrid a Buenos aires cuando Isabel era presidente. -Sí. Mi papá viajó a buscarlo porque se temía un atentado. Había amenazas escritas. Por eso cuando llega a Aeroparque el cajón es llevado por policías de civil armados. López Rega junto a Isabelita Perón durante un discurso presidencial -¿Quiénes vivían en Puerta de Hierro? –Perón, Isabel Y mi Papá, y yo me sumaba cuando viajaba a Madrid. Además, estaban la cocinera Aurora y la colaboradora Victoria. Para Isabel mi llegada era una alegría porque podíamos salir juntas, ir al cine, ver vidrieras y a veces hacernos una escapada a la casa de algunos conocidos en Alicante. Perón y mi padre aprovechaban para ir a la montaña en Irún. -¿Con Perón como era el trato? -Era graciosos verlos. Cuando comíamos, Isabel se sentaba en la cabecera a espaldas de la televisión. Perón miraba TV con mi Papá. Cuando yo estaba ocupaba el lugar de mi Papá al lado de Isabel y nos poníamos a cuchichear. Siempre hablábamos. Mi Papá me hacía callar y Perón intercedía. “No López, déjelas que hablen. Pobres chicas”. Pero la verdad es que él estaba con la mano en la oreja intentando escuchar la televisión. Le gustaba ver deportes por la tele. Mucho fútbol y la carrera de bicicletas “Il giro d’Italia”. Vivíamos como una familia y el nos reconocía como su familia. Isabel le decía “Perón” en un tono íntimo. Más de una vez, ella imitaba el llamado de un perro, porque a veces el General le daba más pelota a los caniches que a ella. Él la miraba y le decía: “empieza Cristo a padecer”. Tenía salidas muy graciosas. Era una relación lindísima de mucho respeto. Lo que le molestaba era que Perón fumara mucho y se lo hacía saber. -¿Tu papá como se llevaba con Isabel? -Muy bien. Se tenían un gran cariño y había un gran respeto. -¿Por qué renuncia entonces cuando ella era Presidente? -Antes de eso hay que contar que, con la muerte del General, quedamos devastados. Isabel, estaba destruida y mi Papá que, cada noche de la enfermedad tenía un intercomunicador como los que usan con los bebés, para estar atento a lo que necesite, no paraba de llorarlo. Isabel se iba a vestir toda de negro por primera vez y le faltaban las medias. Yo estaba tan despistada que en vez de ir a comprar un par cerca de la residencia de Olivos, me fui a mi casa de la avenida Libertador, frente al Rosedal, a buscar unas medias mías para darle. Con esto te digo el estado de inconsciencia que vivíamos. -Nadie quedó indemne. -No. Mi papá no paró de llorar ante el cajón e Isabel estaba sedada. Cuando pasó todo ella nos llamó y dijo que iba a renunciar porque era imposible cubrir semejante vacío. Le pidió a Papá que prepare sus valijas para acompañarla. El tema es que Zulema Fernández, el ama de llaves de la residencia de Olivos, le cuenta al Edecán que Isabel y López Rega estaban preparando sus valijas y no parecía que era para un viaje muy corto. A la media hora llegan Videla, Massera y Fautario y le preguntaron cuál era el motivo del viaje. Isabel les respondió: “Señores, yo he decidido renunciar porque es imposible ocupar el lugar que ha dejado el General Juan Perón“. Los comandantes en jefe le contestaron que se quedara y continuara en el cargo y que ellos se comprometían a darle todo su apoyo. Lo que siguió es historia conocida. Primero fue mi Papá y luego la Presidente. -Y vuelvo a la pregunta, ¿por qué renuncia José López Rega? -Mi papá se va porque Videla, en julio de 1975, en pleno “Rodrigazo”, la va a ver a Isabel y le dice que viene en representación de sus camaradas y qué si mi Papá no se iba del país, corría riesgo su vida. Mi Papá no quería irse. Pero Isabel le insistió porque tenía miedo que lo maten. Y se fue a vivir a la casa de General en Madrid. Dijeron que discutió con Isabel y es mentira. Isabel sufrió muchísimo con la partida de mi papá. Yo estuve con ella. Se descompuso cuando fuimos a despedirlo a Aeroparque. ¿Viste que dicen que no lo quería nadie? Todo el Gabinete estaba presente en el aeropuerto. Fue muy emotivo. Después me fui con Raúl (Lastiri) a Olivos a acompañarla. Estaba muy mal. Muy dolida. -¿Cuándo te fuiste a España por primera vez? -Yo me recibí en Bellas Artes en diciembre de 1965 y en mayo de 1966, con 20 años de edad, me voy a España. Isabel estaba en Buenos Aires por temas políticos y me pide que le lleve cartas y otros recados para el General. Yo llego allá. Perón me fue a buscar al aeropuerto de Barajas. Llegué y fuimos a la casa, le entregué todo. Tomamos el té y le dije “Mi General, ¿cómo hago para tomar un taxi desde acá?”. Yo lo llamaba “Mi General” porque así lo llamaba mi Papá. Enseguida Perón me dice. “¿Te vas a ir? Vos no te vas a ningún lado, te quedás acá. Pero te voy a pedir un favor; nunca le cuentes a Isabel que dormiste en su habitación porque no quiere que nadie se lo toque”. Por supuesto, lo primero que hice cuando llegó Isabel fue contarle? y lo tomó bien. -¿Perón era un hombre atento? -Sí. Hasta tal punto que sabía que me había recibido en Bellas Artes y un día me invitó a visitar la catedral de Bilbao. Y nos fuimos con la peluquera de Isabel, que había viajado de Buenos Aires a Madrid a ver a su madre. Salimos acompañados por guardias civiles, la custodia que le puso el gobierno español y fuimos a Irún que era la ciudad que le gustaba a él. Me quede un mes y medio en España. De ese amor por la pintura, Norma recibió dibujos de Ricardo Carpani, un artista político que dibujaba trabajadores rudos, con brazos musculosos, venas hinchadas y pectorales desarrollados. Era un artista de la izquierda, militante, por el que Perón sentía gran admiración. Le gustaba como dibujaba a los trabajadores. Esos dibujos están en un lugar destacado del comedor de su vivienda que comparte con su segundo marido, Jorge Conti. También hay pinturas de ella de todas las épocas. En la peluquería de Miguel Romano se pueden ver obras de Norma. Ella pintó a las artistas más famosas . Susana Gímenez, Moria Casán, Graciela Alfano y Graciela Borges, entre otras. Expuso en París y Madrid y alguna vez en muestras colectivas en la Argentina. Pero en esta historia faltaba un tema que era difícil de hablar, porque parecía sepultado en su memoria. A Norma le dolió, aunque no lo dice, que su padre estuviera con María Elena Cisneros , una maestra treinta y cinco años más joven que conoció en Paraná en 1974. En 1982 los visitó en Suiza. Alquilaban una vivienda de modestas dimensiones. La dueña vivía en la casa trasera. Norma no lo dice, pero le molestó que su padre en el pasaporte de figurara con el apellido Cisneros y como padre de la acompañante. Nunca se lo dijo, pero se incomodaba cuando su padre la abrazaba con el cariño de siempre. No soportó el cambio de identidad. -¿Lopez Rega estaba divorciado de tu madre cuando conoció a su última mujer? -Mi papá nunca se divorció de mi mamá. Mi papá se fue a Madrid poco tiempo después que yo, en 1966 y mi mamá se quedó en Buenos Aires. Cada vez venía menos porque Perón lo absorbía. En el libro que estoy escribiendo sobre él pongo “Dejó de ser nuestro para ser de todos”. En esa época a mi mamá la operan de artrosis y empezó su calvario. La operaron doce veces. Tuvo problemas de rechazos, le pusieron placas, clavos, surgieron nuevas lesiones y vinieron las prótesis. Nunca pudo ir a verlo. Fue una separación política, pero no por amor porque mi papá nunca dejó de quererla. Le escribía siempre. Tengo las cartas donde le decía “Mi querida Chiqui”. ? ¿Y cómo aparece María Elena Cisneros en su vida? -Según la versión que tengo, mi papá va a Paraná en 1974 a una visita protocolar. Tiempo después ella, que era maestra, le escribe pidiéndole zapatos y ropa para los niños de la escuela. Le contestó Carlos Villone que estaba en el ministerio como secretario. En realidad, esa parte no la tengo muy clara. Cuando mi papá se va de la Argentina, ella se contacta y viaja a Madrid. Se queda allá y se instala con él como una colaboradora. Lo ayudaba en todo como una asistente. María Elena Cisneros, última mujer de López Rega, retratada por Infobae (Foto: Lihue Althabe) -¿Te llevabas bien con ella? -Le tuve mucho afecto, aunque me hicieron algo muy feo cuando fui a Miami cuando mi papá se presentó al consulado y quedó detenido. Estaba con el FBI y los abogados de mi papá y la madre de ella me insultó y me dijo cosas muy feas. Tuve que contenerme pensando en el daño que podía hacerle a papá. Fuimos a Miami sin un peso y nos alojamos en la casa de un amigo. Recuerdo que un periodista nos cruzó y nos preguntó si era cierto que llevábamos doscientos mil dólares para pagar la fianza de papá. -¿No hubo romance, entonces? -No lo llamaría romance. -¿La volviste a ver después del velatorio? -No, nunca más. -¿Cuándo Isabel vuelve a la Argentina y asume como vicepresidente y luego como presidente mantuvieron la relación de amistad? -Sí, mantuvimos el cariño, pero nos veíamos menos por las limitaciones que le imponía su función. Pero comíamos en Olivos y pasábamos las fiestas juntos con Raúl Lastiri. No te olvides que Raúl era al principio el secretario de ella. Pasados los años, en uno de los viajes que hago a España, estaba Jerónimo Remorino que era el delegado de Perón. El General le dice: “Jerónimo, a ver si le conseguimos a la nena un trabajito”. Me mandan a trabajar allí y lo conozco a Raúl. -Y se casaron. -Pasó un tiempo. Tardé ocho meses en tutearlo. Vos pensá que Raúl tenía un año más que mi viejo, me llevaba treinta años. Había una cierta diferencia de edad pero que jamás la sentí porque era sumamente jovial. -Te veo tan amiga de Isabel que me pregunto si se siguieron viendo después de que fue Presidente. -No. Apenas la derrocaron a Raúl y a mí nos llevaron presos al barco. La última vez que veo a Isabel en mi vida es el 13 de febrero de 1976 para mi cumpleaños. Fui a Casa de Gobierno a llevarle una Biblia grande de cuero rojo que mi Papá le había mandado. Después nunca más hablé con ella. Cuando salió en libertad fui a verla a San Vicente, pero no me dejaron entrar. Después en 1982 fui a Madrid a ver a mi Papá, hablé con Lola, la mujer de quien fue médico de perón y me contó que estaba muy atemorizada que sufría de pánico. Entonces le dejé una carta. Al tiempo Lola me cuenta, que leyó inmediatamente la carta, encerrada en el baño. Le conté a mi Papá lo que sucedía, lo de su temor y él me dijo: “Hija, no la molestemos más”. Norma López Rega junto a su padre -La relación de Perón con tu papá, ¿cómo era? -Muy afectuosa. El General le decía López o Lopecito. Siempre me hacía bromas por dichos de mi padre. “Esto es cosa de gallegos” me decía. Era una relación como padre e hijo. Mi padre le fue muy útil porque era el que recibía los cachetazos, siempre. Venía a las reuniones a interrumpirlas, como lo habían acordado antes. “Mi general le toca el remedio” o “no se olvide de la otra reunión”. Eran excusas que tenían acordadas para que el General no quedara mal con los invitados. La mayoría de las veces mi Papá participaba de las reuniones y sabía en qué momento interrumpirlas. Cuando no participaba, tenia una hora pre acordada para entrar y hacer que terminaran. Si el General estaba cansado, hacía caso, pero si estaba enganchado, la reunión seguía. Así empezaron a odiar a mi viejo. Además, era el cerco para que no pasara gente que el General no quería ver. -¿Es verdad que el Perón los despertaba a las seis de la mañana en Puerta de Hierro? -Lo que yo padecí no tiene nombre. El se levantaba como buen milico, con los zapatos y caminaba haciendo ruido con los tacos. Y había que levantarse cuando lo sentías caminar. El con el tiempo reconoció “Como todo milico me levanto al pedo, pero temprano”. Estaba acostumbrado y después dormía la siesta. -Dicen que llevaba una vida ordenada, pero fumaba mucho. -Sí. Isabel lo tenía cortito porque le molestaba que fumara tanto. En la comida era medido, pero tenía sus debilidades. Recuerdo a Caruso que era fotógrafo de Casa de Gobierno y algún gremialista que llevaban carne para hacer unos tremendos asados. En cambio, a mí y a mamá nos pedía que le llevemos ravioles y todo lo necesario para preparar un buen tuco. Teníamos que pasar todas esas cosas por la Aduana. -¿Quiénes eran las personas que más apreciaba? -A Carlitos Acuña, el cantante de tangos. A Goyo Peralta el boxeador. Por Rucci tenía un cariño muy especial. En fútbol su pasión era Boca. Digan lo que digan, era de Boca. En Madrid le gustaba el Athletic. –Puerta de Hierro es un buen o mal recuerdo? -Fue una época muy agradable. Estaba lejos de Mamá, pero pase años muy lindos. -Y durante la presidencia de Perón? -Tengo un recuerdo maravilloso. Mi marido le entregó la banda presidencial al hombre que era mi líder. -¿Cómo era la relación de López Rega con Cámpora? -Muy afectuosa. Cámpora era una buena persona. Fue muy manipulado. Para mí fue un gran amigo. -¿Lo quería Perón? -Sí, pero después se desilusionó y lo sacó de su vida. Cámpora, cuando renuncia, le pone la banda a Raúl (Lastiri). Vos no sabés lo amigos que eran. Raúl y yo salíamos con Cámpora y su mujer. Lo quise mucho. Tuvo muchas deferencias conmigo. Norma López Rega retratada por Infobae(Foto: Maximiliano Luna) -¿Cuando fuiste a la cárcel? -El veinticuatro de marzo de 1976. Me mandan al barco que estaba en el apostadero naval sin que nadie supiera mi paradero. Cuando pasamos a la órbita del Poder Ejecutivo y Raúl al Acta Institucional a él lo mandan a Magdalena y a mí a Devoto a un pabellón donde estaban las guerrilleras embarazadas. Y no les caí bien. Me retiraron inmediatamente para que no me pase nada. Fui a otro piso donde estaba Norma Kennedy que me cuidó muchísimo. -Tu Papá estuvo muchísimo tiempo detenido en la Unidad 22, frente al Teatro Colón que se incendió ¿Lo trataron bien allí? -Sí. Fue donde mejor estuvo. Recuerdo que Guglielminetti, que en esa época estaba acusado de secuestrador y de ser “mano de obra desocupada” como llamaban a las fuerzas para policiales en el Gobierno de Alfonsín, le salvó la vida porque le compró insulina un día que se había quedado sin la dosis porque no tenía dinero. -¿Después del incendio de la unidad 22 adonde lo mandaron? -A Caseros, a la unidad vieja. La pasó muy mal allí. Fue la peor etapa. Para ir al baño tenía que caminar muchísimo y con la diabetes debía ir a cada rato. Pero cuando se fue de allí, le hicieron un homenaje. Los guardias le regalaron un plato grabado. -¿Te cantaba? -Sí. El era tenor cantaba óperas. A mí, me tomaba en brazos y me cantaba canzonetas italianas. Nunca me olvido de él cantando “Mama” en una unidad básica femenina. Se le quebró la voz. Había perdido a su mamá muy chico y esa canción le traía recuerdos. -A su muerte lo cremaron. -Sí y esparcimos a pedido suyo sus cenizas desde un aeroplano en las costas de Santa Teresita. Pidió expresamente que fuera así, porque era devoto de la Santa y llevaba su estampita en la billetera. -Por último. ¿Llegaste a dudar de Dios en algún momento por todo lo que te sucedió? -No, de Dios nunca dudé. Papá nació un 17 de octubre, así que evidentemente ese era su destino, lo aceptamos.

Giancarlo Pietri Velutini

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