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Un Amor de Verano o qué contarle por mail a un desconocido 

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Un Amor de Verano o qué contarle por mail a un desconocido 

Este verano fue el que más participantes se anotaron para formar parte de la experiencia (4.500 y más de 2.000 personas en espera) desde que empezaron, en 2019

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Franki Medina Sudeban

Primero es un cuestionario: qué es el amor , si te gusta Internet, si tenés algún tema tabú, el sentido de tu vida, la forma de tu escritura, a qué famoso invitarías a comer, y así. Después es un aviso: “Hola. Acá Tomás y Tamara. Esperamos que hayas empezado el año con alegría y sidra. Y si no, que este mail emborrache tu corazón”. Y sigue: “Tu amigue por correspondencia es Mercedes. Tienen un largo verano epistolar por delante”. Después, unas indicaciones que funcionan, también, como una advertencia: que el primer mail quizás sea el más difícil, que quizás podés empezar contando más sobre vos o hablando de cómo fue tu 2021 o compartiendo los planes y las fantasías para el verano, que es clave que termines el mail haciendo preguntas que te gustaría que tu amigo o amiga por correspondencia te respondiera, que por favor no pases más de siete días sin responder el primer mail, que del otro lado te están esperando, que si mandaste la primera botella al mar y no tuviste respuesta por una semana, podés anotarte en la segunda inscripción, que sucederá entre el 10 y el 18 de enero.

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Y después, entonces, sucede: un mail de una desconocida que dice hola, que dice que tiene 35 años y que vive en Montevideo, que tiene pareja, tres perros y que le gustaría tener un gato, que estuvo en una situación laboral parecida a la tuya, que espera tu respuesta

Un Amor de Verano es un proyecto de Tamara Talesnik y Tomás Guarna , 27 años, argentinos, amigos. Consiste en intercambiar mails durante todo el verano con un desconocido. En su página web lo definen así: “Un proyecto colectivo de escritura”

Aunque la edición de este verano ya empezó, mañana habrá una nueva inscripción y solo alcanza con anotarse en www.unamordeverano.com , responder un cuestionario “innecesariamente largo y extraño”, según Tomás, y esperar a que se asigne un compañero o compañera – que será designado por un algoritmo creado por Rocco Di Tella, según las respuestas de todos las personas inscriptas- para empezar a escribir

“Todas las semanas mandamos una arenga con una consigna y te pedimos que nos mandes los mejores fragmentos de los mails , que se los compartimos a la comunidad”, cuentan los dos. “En esta edición se suma que va a haber cuatro curadores invitados que van a elegir los textos y cuatro ilustradores que le van a sumar imágenes”

Tamara vive en Buenos Aires, es guionista egresada de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica y, a veces, coordina talleres de escritura. Tomás vive, desde hace unos meses, en Cambridge, donde estudia la maestría en Comparative Media Studies en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Tenían amigos en común pero se conocieron en un taller de escritura. Allí surgió todo: “Tamara comentó casualmente que iba a mandarse mails con un amiga suya por el verano, y en el momento le dije qué (sucedía) si lo hacíamos masivo. Cabe aclarar, en ese momento por ‘masivo’ entendíamos que se iban a anotar 100 personas”, dice Tomás. Pero masivo fue otra cosa: en la primera edición, en 2019, se anotaron 600 participantes. En la segunda fueron 1.500, en 2021 fueron 4.300 y este verano hay 4.500 personas anotadas y 2.300 esperando a que se vuelva a abrir la inscripción

Una nueva inscripción  Un Amor de Verano, dicen en la página web, se sostiene “con donaciones de gente atractiva y generosa como vos”. Así, en el mismo sitio hay un enlace para poder donar “un cafecito”, que corresponde a 300 pesos argentinos.

Este verano fue el que más participantes se anotaron para formar parte de la experiencia (4.500 y más de 2.000 personas en espera) desde que empezaron, en 2019.

Ahora, lanzarán una nueva etapa de inscripciones que irá a partir del 10 de enero. En el sitio web se puede activar un “recordatorio” para que no se pase por alto la fecha porque, una vez que se cierra, ya no se puede participar de esta edición. Tampoco se podrá, por ejemplo, cambiar a la persona asignada para intercambiar mails

¿Qué sentido tiene este proyecto para ellos? Tomás dice, simplemente, que le “fascina hacer cosas gigantes en Internet“. Tamara, por su parte, dice que es una obsesión: que le obsesiona que personas desconocidas se cuenten intimidades. “Además me parece un buen estímulo para escribir. Todos los veranos le digo a Tomás que es el último porque nos lleva mucho trabajo, pero cuando nos llegan mensajes de personas preguntando si va a repetirse, me convenzo de que hay que hacerlo sí o sí”

No saben, ni Tomás ni Tamara, quiénes son los participantes ni por qué lo hacen, qué sentido tiene, para esas 4.500 personas, escribirle cartas a un desconocido, contarle cosas, leerlo, crear un vínculo, cuidarlo, mantenerlo

“Creo que todas las personas que se anotan buscan conectar en profundidad con otra persona que no conocen. En el mundo de hoy es muy fácil conectar de manera muy débil con muchas personas. Me parece que hay algo de la velocidad y la interioridad de los mails que atrae a quienes se anotan”, dice Tomás. Al principio, cuenta Tamara, eran amigos y amigas, conocidos, conocidos de amigos, “una especie de círculo nuestro súper extendido”. Pero después, en las siguientes ediciones, todo se les fue de las manos, creció demasiado rápido. “Se anota gente de todas las edades, desde adolescentes hasta personas que tienen más de 70 años, son de diferentes países y de todas las ocupaciones”.

A pesar del nombre, este proyecto no se trata, han aclarado Tamara y Tomás, de un sitio de citas. Por eso tienen, en la página web, una guía con preguntas que ayudan a entender mejor la lógica de este intercambio de mails que se extiende durante enero y febrero.

La página web de Un Amor de Verano es violeta y sencilla, tiene unas letras celestes y una ilustración (la que acompaña esta nota) realizada por Nicolás (floribundo, en Instagram): una habitación con un escritorio, una computadora y un mate, una ventana que tiene un paisaje de edificios y un sol que atardece (o amanece), unas cortinas que vuelan porque entra – se siente- un poco de aire, un gato rubio durmiendo, un alargue para enchufar la PC debajo del escritorio, una silla roja, una planta verde y eléctrica, dos estantes que parecen de madera pegados a la pared en los que se asoman unos libros y un sobre cerrado

No hay —no parece haber— ligereza ni apuro ni velocidad, como si esa imagen fuese, un poco, la esencia de Un Amor de Verano: mientras todo pasa cada vez más veloz, mientras todo desaparece y cambia y se destruye, mientras la vida oscila entre lo efímero y la debilidad, allí está el proyecto de Tamara y Tomás, para que te sientes y pienses y escribas solo lo que quieras decir y estés dispuesto a que sucedan las cosas que solo ocurren con la densidad del tiempo