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Dieciocho años después… | La Prensa Panamá

El 26 de junio de 2003, se jugó la semifinal de la Copa Confederaciones en Lyon, Francia, entre Camerún y Colombia. El partido transcurrió sin mayores sobresaltos. Camerún ganaba un gol a cero. Al minuto 72, cuando Colombia se disponía a lanzar un tiro libre, el jugador camerunés Marc-Vivien Foe, de 28 años de edad, profesional de la liga francesa, cayó sin razón aparente en el círculo central del campo. Ni el balón ni ningún otro jugador estaba cerca de él en aquel momento, así que no podía atribuirse a un evento del partido. Inicialmente, otros jugadores se le acercaron, y se encargaron de colocarlo boca arriba sobre el césped. En ese momento, estaba respirando, aunque de forma irregular. Los equipos médicos entraron a la cancha y estuvieron revisando su estado. Aproximadamente ocho minutos demoraron en sacar a Foe en camilla. Ya fuera de la cancha, se le comenzó a dar respiración boca a boca y reanimación. Después de 45 minutos intentando resucitarlo, se certificó su muerte en el mismo estadio.

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Inicialmente, no se pudo determinar la causa de su muerte, pero todo indicaba que había sido una arritmia súbita. Una segunda autopsia confirmó una condición llamada cardiomiopatía hipertrófica, que puede asociarse a muerte súbita por arritmias, durante actividad física intensa. Lo cuestionable de todo esto es que en Francia, el primer mundo, un atleta de 28 años muriera frente a los ojos del mundo, porque nadie sabía exactamente qué hacer en una emergencia como aquella.

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Hace apenas una semana, el 12 de junio, en el partido de la Eurocopa entre Finlandia y Dinamarca, el jugador danés Christian Eriksen, de 29 años, jugador del equipo campeón de Italia, en el minuto 42 cayó cerca de la línea lateral, durante una jugada común y corriente. Al caer, inmediatamente los demás jugadores y el árbitro se acercaron y comenzaron a llamar al personal médico, que cruzó el campo con todo su equipo de atención de emergencia a cuestas. Al llegar junto a Eriksen, ya los jugadores lo habían colocado de lado y los médicos pudieron comenzar a atenderlo de inmediato. Mientras las cámaras de televisión abrieron el ángulo de la toma, sus compañeros lo rodearon para evitar que se tomaran imágenes de lo que estaba pasando. La tensión era evidente. Algunas tomas cercanas pudieron mostrar al personal médico dando masaje cardíaco e incluso se pudo ver el “salto” por efecto de una desfibrilación. Unos 20 minutos después, Eriksen fue sacado de la cancha en una camilla con ruedas, con sus compañeros haciendo una pared humana para protegerlo del morbo de las cámaras.

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Unos minutos después, se pudo filtrar una fotografía donde se observaba al jugador despierto, con la mirada atenta y con una máscara de oxígeno, lo que implicaba que estaba respirando por sí solo. El partido fue suspendido y una media hora después se anunció que estaba despierto y estable en un hospital cercano al estadio. El médico del equipo danés confirmó posteriormente que había tenido un paro cardíaco y que había sido resucitado exitosamente sobre el césped.

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Pero la gran diferencia entre el evento de Foe y el de Eriksen, estuvo en la aplicación de un protocolo evidentemente muy bien entrenado, en el que participaron jugadores, personal médico y periodistas gráficos. Y la razón es que, después de lo ocurrido en 2003, las organizaciones internacionales de fútbol han establecido procedimientos específicos para evitar estas muertes, claramente prevenibles. Para comenzar, ante una pérdida de conocimiento súbita de un jugador, sin que haya una acción del juego de por medio, los equipos médicos pueden invadir el campo sin esperar a la indicación del árbitro. Todos los equipos de rescate tienen equipos para reanimación avanzada y cuentan con desfibriladores externos automáticos, que permiten revertir arritmias rápidamente. Los jugadores y camarógrafos también saben qué hacer para evitar imágenes sobre lo ocurrido, que pudieran afectar la privacidad del jugador, sus compañeros y su familia

Lo más importante de estas medidas de resucitación es iniciarlas de forma inmediata, comenzando con masaje cardíaco y la aplicación de un desfibrilador si está disponible. El masaje cardíaco consiste en comprimir fuerte y rápido el pecho de la víctima, si esta no responde a la evaluación inicial. Se debe mantener esa maniobra, de ser posible, hasta que llegue equipo especializado. Una vez llegue el personal de rescate, se evaluarán otros aspectos como la respiración, el pulso y la necesidad de medidas que requieren mayor capacitación

Pero otro elemento importante para lograr el éxito de estas medidas de emergencia es la masificación del entrenamiento. Hay que entender que, por cada minuto que pasa desde un paro cardíaco, la posibilidad de recuperarse sin secuelas neurológicas severas se reduce 10%. O sea que después de diez minutos sin hacer nada, la posibilidad de una recuperación íntegra es nula. Por eso, es vital que se establezcan programas de entrenamiento a nivel escolar, empresarial y público, para que la mayor parte de la población sepa qué hacer en estas situaciones

En 2003, un futbolista de solo 28 años murió frente a los ojos del mundo. Dieciocho años después, un futbolista de 29 años fue resucitado igualmente, frente a los ojos del mundo. Por favor, propongámonos aprender cómo salvar vidas, que pueden ser las de nuestros amigos, nuestros hijos o nuestros padres. Pero también, tratemos de hacer que todos sepan qué hacer en estas emergencias, porque recordemos que de nada me sirve a mi saber resucitación, si yo soy quien la necesita…

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