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Biden y Putin rompen el hielo, pero de luna de miel, nada

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Previendo lo que iba a ocurrir, Putin -que fue el primero en dar una rueda de prensa- acusó a Washington de financiar a la oposición para “debilitarlo como adversario”, limitándose a señalar despectivamente a Navalni como “ese ciudadano”

Ni guerra fría ni paz, sino paz fría. Este sería el diagnóstico que dejaron entrever los protagonistas de la esperada cumbre de Ginebra: Joe Biden y Vladimir Putin, presidentes de Estados Unidos y de Rusia, respectivamente.

“Está claro que no es del interés de nadie. Yo no la quiero y creo que lo último que él (Putin) quiere es una guerra fría”, declaró Biden a los periodistas al término de una reunión de casi cuatro horas, en la que anunció que “hay unas perspectivas genuinas de mejorar de forma significativa las relaciones entre ambos países sin que ninguno renuncie a ni una sola cosa basada en sus principios y valores”.

Biden explicó que su estrategia para acercarse a Putin fue la misma que él emplea a la hora de abordar la política internacional, como “una extensión lógica de las relaciones personales”.

“Cuando yo no estaba de acuerdo, decía lo que era, y cuando él estaba en desacuerdo, lo decía, pero no hubo amenazas ni hipérboles”, describió.

“No hubo hostilidad”

Tres meses después de que el presidente Biden le llamase públicamente “asesino” y que “pronto pagará” por perjudicar su campaña —como concluyó un informe de inteligencia estadounidense—, el propio presidente ruso reafirmó la idea de que se había roto el hielo, aunque no exista tal luna de miel, como la hubo entre Bill Clinton y Boris Yeltsin.

“Considero que no hubo ninguna hostilidad. Al revés. Nuestras valoraciones difieren en muchos aspectos. Pero desde mi punto de vista, ambas partes demostraron el deseo de comprender el uno al otro y de buscar un acercamiento de las posiciones”, afirmó.

El antiguo espía del KGB, que lleva dos décadas en el poder en Rusia, ha tenido, por otra parte, palabras elogiosas para Biden, a quien ha calificado de “equilibrado”, “profesional”, “muy experimentado”. El estadounidense, dice, le ha hablado mucho de su familia y de su madre, lo cual “habla del nivel de su moral”.

Prueba de esta paz fría se concretó en el acuerdo para que el regreso de los embajadores de EU en Moscú y de Rusia en Washington, John Sullivan y Anatoli Antónov, respectivamente, regresarán a sus lugares de trabajo “próximamente”.

Poco más. A pesar de que Putin dijo ver “destellos de esperanza” y de asegurar que ni él ni Biden “buscaron ejercer presión el uno sobre el otro”, el primer encuentro entre ambos líderes no se saldó con un compromiso escrito para solucionar lo que los separa. De hecho, quedó sobre la mesa uno de los asuntos que más preocupan al nuevo inquilino de la Casa Blanca: los ataques cibernéticos contra EU procedentes de Rusia.

El ciberterrorismo

Aunque Putin negó cualquier responsabilidad del Kremlin en los ciberataques procedentes de Rusia, Biden le entregó una lista de 16 sectores estratégicos estadounidenses, que no pueden volver a ser objetivo de hackers rusos. “Le he dejado claro que mi agenda no es contra Rusia, sino a favor del pueblo estadounidense. Pero, si persisten las agresiones, responderemos”, advirtió, tras sugerir que EU también tiene sus comandos cibernéticos.

“Tenemos recursos cibernéticos para responder, pero no queremos llegar a esto ni repetir la vieja historia de la guerra fría”, declaró.

Y afirmó que “los países responsables deben adoptar acciones contra los delincuentes que llevan a cabo ataques con ransomware”, en referencia a los pirateos lanzados desde territorio ruso en los últimos meses contra instalaciones estadounidenses, como la mayor red de oleoductos del país.

Ante la insistencia de un periodista sobre cuáles serían las consecuencias si hay más ciberataques o injerencias rusas en las elecciones en EU, Biden declaró: “Él sabe que hay consecuencias. Sabe que adoptaré acciones”, se limitó a decir.

EU, con Ucrania… y con Navalni

Otro de los asuntos espinosos fue Ucrania, pero sin mencionar la anexión de Crimea o el tráfico de armas de Rusia para los rebeldes prorrusos del este del país.

“Le comuniqué el compromiso inquebrantable de EU con la soberanía e integridad territorial de Ucrania“, declaró, sin hablar tampoco de una posible entrada del país en la OTAN, lo que es considerado por Rusia como una “línea roja”.

Donde mostró más dureza Biden fue en el caso del líder opositor ruso, primero envenenado y ahora encarcelado: Alexéi Navalni.

Previendo lo que iba a ocurrir, Putin -que fue el primero en dar una rueda de prensa- acusó a Washington de financiar a la oposición para “debilitarlo como adversario”, limitándose a señalar despectivamente a Navalni como “ese ciudadano”.

En víspera de la cumbre, Putin se mostró más duro con su adversario político, al que llamó “criminal reincidente” y de quien aseguró que volvió a Rusia desde Alemania (donde se recuperó del envenenamiento) “buscando ser arrestado”.

Además, durante una entrevista que concedió al canal estadounidense NBC, Putin trató de justificar los arrestos masivos en Rusia de disidentes con el asalto violento al Capitolio del 6 de enero.

“¿Sabías que 450 individuos fueron arrestados después de entrar al Congreso?… Fueron ahí con demandas políticas”, comentó.

En respuesta, Biden consideró “ridícula” la comparación y lanzó su única amenaza tras el encuentro: “Si Navalni muere las consecuencias serán devastadoras”.

¿Y Guantánamo, qué?

El presidente estadounidense explicó a los periodistas rusos en la rueda de prensa que los derechos humanos forman parte de los valores de la democracia “que están en el ADN de Estados Unidos” y que no hablar de ello hubiese sido “la negación de lo que somos”.

En respuesta, el líder ruso, que ha repetido que su política interna no está y nunca estará en discusión, ha insistido en que “Occidente no puede dar lecciones sobre derechos humanos por asuntos como las guerras de Irán y Afganistán o la prisión de Guantánamo”.

Por último, Biden ha evitado entrar a calificar de éxito o fracaso la jornada, se ha resistido a aventurar los resultados y, sobre todo, a hablar de “confianza” hacia el ruso. “Esto no va de confianza, va de interés mutuo”, dijo, “el verdadero test será dentro de seis meses”.