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Maquiamelo y sus cabezas consumistas

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La atención al deterioro del planeta y a los hechos de subordinación que ponen en el suelo al ser humano son sucesos cotidianos que alimentan esa sed de poder que pretende acabar con todo. En el arte estos hechos se disfrazan usando máscaras fijas que en vez de ocultar, suelen destaparse, sacando palabras ocultas y minucias que estallan en una reflexión que empapa al observador, salpicándolo y logrando proponer una nueva visión de contextos contemporáneos. Esta figura lo representa. Diversas caras populares y conocidas se manifiestan en el trabajo artístico de Maquiamelo. Sus esculturas (inspiradas en aquellas cabezas reducidas que indígenas colgaban en su pecho como acto de victoria) pretenden mostrar aquel rostro que ha dejado huella en la historia de la humanidad y que logran establecer una conexión social y política de manera sencilla con el espectador. Es así que este ritual de los indios jíbaros del Ecuador se torna menos feroz y despiadado, para pasar a ser un tipo de escultura que en su rostro mantiene las marcas y cicatrices de la historia que representa.

Maquiamelo, luego de más de veinte años, mantiene estas cabezas reducidas que estéticamente se transforman, no solamente según el personaje, sino que están en constante metamorfosis apuntándole a coyunturas y problemáticas sociales, llevándolas a distintos materiales y escenarios que enriquezcan el discurso que quiere llevar al público.

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“Si consideramos que estamos ante la representación de seres muertos, el calificativo de pensantes puede parecer extraño, pero los méritos de este artista fuera de lo común se fundamentan en la tensión psicológica y en las contradicciones simbólicas que imagina, plasma y pone en juego”, dice el historiador de arte Álvaro Medina en el libro El arte extremo de Maquiamelo , porque a pesar de tratarse de cabezas con un aspecto funesto, pretenden establecer una relación con el mundo que nos rodea y es esta la premisa que logra evidenciar en su más reciente exposición “DisneyTrump, con la curaduría de Álvaro Medina, en la sala de exposiciones Cafam.

Esta exposición logra mantener la atención en los personajes que se encuentran en cada una de las instalaciones, siendo este tipo de formato una evolución de las cabezas reducidas que esta vez se alimentan de manera dinámica con los escenarios para hacer énfasis en el mensaje que el artista logra transmitir, un mundo consumista que se deteriora poco a poco. “El tema de esta exposición es muy interesante, porque desde que empezó el problema político que viene en el mundo, empecé a crear una serie que presenta un futuro distópico, con el presidente Trump liderando al mundo”, explica Maquiamelo sobre el origen de esta serie que incluye personajes como Mickey Mouse, el payaso de McDonald’s y Donald Trump, entre otros.

La preocupación por la inequidad y el frecuente abuso de poder que se elevó tras la posesión de Trump como presidente de los Estados Unidos, en 2017, hizo que Maquiamelo creara esta serie inspirada en personajes de la cultura pop, haciendo una breve analogía entre Trump y McPato, el personaje animado de Disney, para argumentar una realidad llena de avaricia y egoísmo. Es así que estos personajes animados se salen de este mundo creado para un público infantil y personifican la realidad misma, un reflejo de la sociedad que esta vez aparece en rostros conocidos, explicado en palabras del curador: “Al fusionar las graciosas ficciones de Disney, la engañosa ficción culinaria de McDonald’s y las perturbadoras ficciones políticas de Trump, el Disney Trump de Maquiamelo introduce una metáfora que oscila entre la comedia y la tragedia”.

Al entrar a la sala, la cabeza de Mickey Mouse está encima de un tanque de guerra, mientras se recrea en la instalación un bombardeo en la arena. Su cabeza reducida añejada con su sonrisa infinita que se parte a la mitad, coloreando la bandera norteamericana, refleja aquel personaje optimista creado por Disney en un escenario de guerra. En un segundo momento de la muestra, cuatro muros de cemento abarrotan la pequeña (pero monstruosa) cabeza de Donald Trump, quien se encuentra encima de un espejo, un reflejo de su propia creación entre los muros que impiden la libertad. Posteriormente, la cabeza de un payaso que profesa la muerte está en la cima de una montaña de pitillos de plástico.

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Ronald McDonald está sobre su propia basura haciendo una crítica al consumismo. Una caja fuerte con monedas de chocolate y la cabeza de McPato flotando entre ellas, que en vez de mostrar el egoísmo del personaje, pretende establecer un contacto directo con el público tras consumir las monedas de chocolate y mermar dicha acumulación.

“Yo tengo que tomar una posición de activista como artista. Las obras que yo estoy haciendo no le gustan a mucha gente, pero mis obras no están para que gusten, sino para que cuestionen, que hagan pensar, que hagan reflexionar”, argumenta el artista, quien a partir de sus esculturas presenta un rostro de problemáticas reales. Cada uno de los acabados y gestos que tienen estos muertos obedecen a un comportamiento que traspasa la simbología de una escultura que busca congelar un momento histórico en el tiempo, y en esta ocasión, la escultura se asienta como base para accionar.

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