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Libaneses en México: los grandes hombres de negocios

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Jamás estuvo en duda la vocación empresarial de la comunidad libanesa que se asentó en tierras mexicanas. Tengan claro o no que esa inclinación es acaso herencia de los remotos tiempos en que los fenicios, sus antepasados primigenios, cruzaban el mar para comerciar, lo cierto es que fue un recurso que para las primeras generaciones de libaneses, en su calidad de inmigrantes avecindados en México, era cuestión de sobrevivencia expedita con resultados casi inmediatos. Eso explica que en las primeras décadas de migración, tres cuartas partes de los libaneses en México optaran por dedicarse a la actividad comercial. Pero de aquellos tiempos a la fecha, ese perfil ha evolucionado. No son pocos los libaneses mexicanos que encabezan empresas y proyectos de negocios que se cuentan entre los principales del país.

Zenaida Urbano

Para ningún mexicano del siglo XXI es un secreto que es un libanés mexicano, Carlos Slim, quien ha figurado en varias ocasiones en la lista de los hombres más ricos del mundo. Pero junto a él destacan otros empresarios que, en diversos ámbitos, también han demostrado que el perfil emprendedor de la comunidad, puede llevarlos muy lejos, y se refleja en sus modos de hacer negocios. Un vistazo a la historia económica libanesa mexicana muestra que el caso de la península yucateca, documentado por Crónica en otra entrega de esta serie, si bien notable, es similar, en su origen, a otros casos de libaneses mexicanos, pues, sea cual sea el tamaño del negocio o del proyecto, lo cierto es que las más de las veces son fundadores y líderes de empresas; que el ser empleado de otros es para ellos una etapa provisional y que cada decisión que desemboque en un nuevo proyecto, se concreta después de una cuidadosa reflexión acerca de los posibles beneficios y la parte que les toca desempeñar. Que siempre se enfocaron hacia el futuro, es un hecho: el ahorro es un rasgo más que consolidado entre los libaneses mexicanos, que permite lo mismo hacer frente a crisis inesperadas que atrapar la ocasión favorable cuando se presenta. Testimonios orales afirman que Carlos Slim recomienda vender a buen precio, manejar altos volúmenes y tener “un guardadito” para aprovechar las oportunidades. Ese sentido de la oportunidad, aunada al ahorro, es una estrategia largamente cultivada que permitió a los primeros inmigrantes hacerse de las pequeñas fábricas y talleres textiles, abundantes en el México de principios del siglo XX, al borde del colapso, a causa de movimientos sindicales y crisis económicas. Los libaneses de entonces poseían ya, a fuerza de moderación y ahorro, el capital que les permitió dar un paso más y convertirse en industriales. Ahí están, desde los inicios del siglo XX, como los inmigrantes Antonio Jacobo Abdó y Antonio Cassab, que en 1907 se asocian para establecer una fábrica de medias, con un capital inicial de 4 mil pesos. De los comercios pequeños se pasa a los comercios medianos o los grandes almacenes, como llegó a ser La Estrella de Oriente, fundada por Julián Slim y su hermano José, que crearon el almacén en 1904, con un capital inicial de 25 mil 800 pesos, toda una fortuna en aquel entonces, aportando cada uno 50% de la suma total. A su manera, muchos de estos libaneses mexicanos dejaron huella hasta en la fisonomía de las ciudades. Llama la atención que hoy día, el nombre de don Miguel E. Abed sea conocido por los mexicanos que no pertenecen a la comunidad, no tanto por su biografía como industrial y empresario, sino porque aún, en el corazón de la capital mexicana, existe y opera un edificio construido en la década de los 50 del siglo pasado por su iniciativa, que lleva su nombre y  fue uno de nuestros primeros “rascacielos”: entre 1952 y 1956, el edificio más alto de México, hasta  que fue superado por su vecina, la Torre Latinoamericana. Aún hoy el edificio Abed es el segundo edificio más alto del Centro Histórico y pertenece al selecto grupo de construcciones que tuvo una de las primeras cimentaciones antisísmicas y ha resistido15 sismos de gran magnitud. Lo que no deja de ser curioso, es que los miles de transeúntes que pasan a diario delante de él, ignoren todo de Miguel E. Abed. A la distancia, el inmigrante Dib Murillo (Morillo), escribió, el siglo pasado, una apretada semblanza de su paisano: “Su fortuna se calcula en ­varios millones de pesos que hizo a base de trabajo, inteligencia, lucha y valor moral. Conquistó alto prestigio en la esfera comercial, industrial, política y social. Alcanzó a tener amistades con altos diplomáticos nacionales y extranjeros. Ahora es jefe supremo de los Leones (Murillo se refiere al Club Rotario) en toda la República y aspira a ser el representante internacional de ellos en México. Tiene uno de los grandes rascacielos y  otros edificios de menor altura en México. En Puebla, donde está su residencia, tiene varios intereses y la fábrica de manta El Patriotismo. Es muy respetado por sus trabajadores y por toda la colonia libanesa”. En el centro del país, o en el resto del ­territorio mexicano; en la hotelería o en el sector bancario y financiero, en las telecomunicaciones o en la industria digital, no importa. Podría mencionarse cualquiera de los sectores de la vida económica del país y allí habrá un libanés mexicano. Hoy día, tal vez los nombres que más se pronuncien en el ámbito productivo de nuestro país, tres de los sobresalientes y pertenecientes a la comunidad, son Carlos Slim Helú, Alfredo Harp Helú y Alfredo Elías Ayub. Aquí sus historias.   CARLOS SLIM “Los primeros cuya fortuna llegó al millón fueron los Slim, apuntó Dib Murillo en su panorama de la comunidad libanesa mexicana. La historia empezó a principios del siglo XX, cuando Julián Slim, entrando por Veracruz,  se unió a sus hermanos mayores, inmigrantes desde tierra libanesa que habían fundado casa en el puerto de Tampico. Muy joven era Julián, apenas tenía 14 años en ese 1902, cuando se convirtió en mexicano.  No hablaba español, pero así era el mundo: el Imperio Otomano, del cual Líbano formaba parte a principios del siglo XX, obligaba a los varones a entrar en el ejército. No era extraño que las familias sacaran del hogar  a los hijos, apenas dejaran la infancia. Así los cinco hermanos Slim hallaron destino en México. Eran José, Elías, Carlos, Pedro y Julián Slim. De Tampico pasaron a la ciudad de México, y para 1904 fundaban, Julián y José, la famosa “Estrella de Oriente“, en lo que hoy es Venustiano Carranza, en el Centro Histórico. Una década más tarde Julián compró la parte de su hermano mayor: la hizo grande y sólida; fue el punto de partida para hacerse con diversas propiedades en esa zona que antaño se llamaba el “primer cuadro” de la ciudad. Efectivamente, el primer millón de Julián Slim apareció hacia 1922. Unos pocos años después casó con Linda Helú, nacida en Parral, Chihuahua. José Helú, suegro de Julián, fue uno de los primeros intelectuales importantes de la comunidad libanesa de la época; trajo a México una imprenta en árabe y fundó revistas para uso de los inmigrantes establecidos en México. Los Slim Helú tuvieron cinco hijos: Nour, Julián, José, Carlos y Linda. Al tiempo que crecía su negocio, pues aplicaba la política que después caracterizaría a las grandes tiendas de descuento —volúmenes grandes, márgenes de ganancia reducidos y facilidades de pago— el jefe de familia se convirtió en líder de una primigenia Cámara Libanesa de Comercio, y vigilante de los derechos de los inmigrantes libaneses que iban llegando. Quizá pocos libaneses de su época pudieron poner en blanco y negro, los sentimientos que les despertaba su nuevo hogar y su disposición para adaptarse:  “El libanés se caracteriza por su actividad en el trabajo, por su economía, por su sencillez, por la facilidad y prontitud con que aprende el idioma del país al que llega y en donde vive pacíficamente, en especial en aquellos que, como México, conservan un depósito sagrado de independencia personal y de amor a la patria”, anotó don Julián en el documento con el que defendió la entrada a nuestro país de los nuevos inmigrantes. Con esos criterios, no extraña que formara parte de la campaña nacionalista que en los años 30 del siglo pasado promoviese las bondades de la industria mexicana y de consumir la producción nacional. Gobernaba Pascual Ortiz Rubio, y, a diferencia de los roces que tuvo su gobierno con la comunidad judía, las actividades de los libaneses mexicanos les ganaron la tranquilidad. En esa familia nació Carlos Slim en 1940. Como a tantos libaneses nacidos en México de primera generación de inmigrantes, aprendió los hábitos del ahorro y del trabajo en los negocios familiares. El ahorro, base de la cultura financiera y hoy escasamente atendido por el sistema bancario, era a mediados del siglo pasado, un elemento atractivo para bancos y particulares. Carlos Slim tuvo su primera chequera y compró acciones del Banco Nacional de México a los 12 años. Huérfano de padre a los 13 años, Carlos Slim Helú se formó en la Facultad de Ingeniería de la UNAM. De ahí egresó como ingeniero civil. Unos pocos años más tarde, en 1966, a los 25 años, creó su primer negocio, Inmobiliaria Carso. A partir de allí, como libanés mexicano, diversificó y se movió hacia los negocios industriales y comerciales que le facilitaron formar el capital que, en la crisis económica de 1982, le permitió invertir y adquirir empresas de corte diverso, que formaban parte de la vida de todos los mexicanos. Cigatam, Hulera el Centenario, Bimex, Reynolds Aluminio, Seguros de México, formaron parte de ese conjunto de adquisiciones y constituyeron el origen de lo que se llamó Grupo Financiero Inbursa, integrado por la Casa de Bolsa Inversora Bursátil, Seguros de México y Fianzas La Guardiana. Para 1985 Grupo Carso adquirió el control de Artes Gráficas Unidas, Fábricas de Papel Loreto y Peña Pobre, así como la mayoría de Sanborns y su filial Dennys. En 1986 se adquirió la compañía Minera ­FRISCO y Empresas Nacobre, así como sus diferentes filiales; se compra también el control de la empresa llantera Euzkadi, líder en el mercado en ese entonces y años después se adquiere la mayoría de General Tire. En 1991 adquiere la cadena de Hoteles Calinda (hoy, OSTAR Grupo Hotelero). La expansión, en los 90 llegó a la compra de TELMEX, en sociedad con SBC y France Telecom: Slim entró a la globalidad y el grupo se convirtió en el gran inversionista de la infraestructura de telecomunicaciones en México. El siguiente gran paso fue entrar a la telefonía celular, con lo que hoy es Telcel. Aunque Slim Helú sigue siendo un empresario en activo y es una autoridad moral en el mundo del empresariado, es la siguiente generación, los Slim Domit, quienes operan el imperio económico que empezó con La Estrella de Oriente. Carlos Slim actualmente se desempeña como: Presidente del Consejo de Administración de Impulsora del Desarrollo y el Empleo en América Latina, S.A. de C.V. (IDEAL), Presidente de Fundación Telmex, A.C., Presidente de Fundación Carlos Slim, Presidente del Comité Ejecutivo del Consejo Consultivo de Restauración del Centro Histórico, así como Presidente de la Fundación del Centro Histórico, A.C. Con programas sociales de alto impacto, enfocados a la población más vulnerable. HARP HELÚ También libanés mexicano de primera generación, Alfredo Harp fue hijo de Alfredo Harp Abud y Suhad Helú . El padre, establecido en Oaxaca hacia 1909, echó a andar allá una ­tienda de ropa y más tarde una fábrica de zapatos. Si existe algo como “educar a la libanesa”, eso fue lo que formó a Alfredo Harp, huérfano de padre a los tres años de edad. Estudió para contador público egresado de la UNAM, especialista en la rama financiera y bursátil. Se convirtió en un personaje de resonancia nacional en el proceso, en los años 80 del siglo pasado, de nacionalización de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV). En 1991en el proceso de reprivatización bancaria, adquirió, junto con Roberto Hernández Ramírez, el Banco Nacional de México, Banamex, y conformaron el Grupo Banamex Accival. En 2001 Citigroup adquirió Banamex Desde la década de los años noventa, Harp Helú se encontraba en la lista Forbes de los hombres más ricos del mundo. Hay quien atribuye a esa circunstancia el secuestro del que fue víctima en 1994; pasó 106 días en cautiverio. Aficionado al “rey de los deportes”, el beisbol lo llevó a la adquisición, en 1994, de los Diablos Rojos de México y en 1996 a los Guerreros de Oaxaca. Los dos equipos pertenecen a la Liga Mexicana de Beisbol.  Harp afirma en su autobiografía, que el beisbol es como una metáfora de la vida, pues “todos los días salimos al campo de pelota y jugamos en equipo, procuramos ganar, pero en ocasiones debemos aceptar la derrota”. En el pasado reciente, la promoción del deporte y las obras filantrópicas, particularmente orientadas a apoyar al pueblo de Oaxaca, son el eje de su vida. ELÍAS AYUB  Es el hermano mayor de Arturo (director de Alianzas Estratégicas de Teléfonos de México y de Uno Noticias). Estudió ingeniería civil en la Universidad Anáhuac y se especializó en negocios en la Universidad de Harvard. Es uno de los muchos libaneses mexicanos con experiencia en el servicio público. Fue presidente de la Comisión Federal de Electricidad de 1999 a 2011, y ocupó la dirección general de Aeropuertos y Servicios Auxiliares de México. También fue subsecretario de Minas e Industria Básica. En el sector privado es integrante de los consejos de administración de Grupo Impulsor del Desarrollo Urbano (IDUSA), la constructora Ideurban y Promociones Metrópoli. Por cuestiones de salud dejó la Comisión Federal dde Electricidad, pero no ha dejado de trabajar por completo. Consumado golfista, Elías Ayub ha ocupado la presidencia de la Federación Mexicana de Golf.  Imprimir

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