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El tren de la alegria

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Desde Moscú

Volvemos a Moscú con la frente marchita en un tren que sale puntualmente a las 6.01 de la tarde, la misma hora en la que empieza el partido clave de la zona de Argentina. Cuando sacamos el billete de vuelta de Niznhy Novgorod nunca imaginamos que podía adquirir tanta importancia el partido de Nigeria e Islandia. No lo podemos ver. Uf. El tren es eléctrico, circula a 150 kilómetros por hora, son diez vagones, filas de tres asientos de un lado, dos del otro, similar al Mitre, por marcar una referencia local. Otra referencia local es que de los 1.200 pasajeros por lo menos 1.000 son argentinos. En el tren no hay wifi por lo que parecemos condenados a tener que esperar la llegada a Moscú, en cuatro horas de viaje, para enterarnos del resultado. Pero nos encontramos con una sorpresa en la primera parada. Se puede captar un wifi libre. Veinte minutos de tren, veinte minutos de partido en Volgogrado. Cero a cero. En la siguiente parada siguen igual, pero en la tercera se escucha el grito que rebota en todos los vagones: “Goooooolll!!!. Gol, carajo. Vamooooo” Uno a cero. Nigeria. “Los goles de Nigeria que ya van a venir” cantan un par de zarpados y otros se prenden. En la cuarta estación Nigeria se pone dos a cero. Se agrandan las sonrisas. “Hay penal para Islandia” informa uno en nuestro vagón. “Lo erró!”, dice Vito Amalfitano mientras trata de comunicarse con una radio de Mar del Plata. “Hay una vida más”, dice Ariel Senosiain. Nos damos cuenta de lo bajo que hemos caído, que tenemos que celebrar un triunfo prestado para ilusionarnos con la clasificación en el segundo puesto, pero bueno, es lo que hay. En las dos horas de viaje que quedan para llegar a la capital de Rusia escuchamos que varios grupos de potenciales directores técnicos arman el equipo para ganarle a Nigeria. Algunos pretenden una formación recontrasuperultraofensiva: Armani; Pavón, Otamendi, Mercado, Acuña; Meza, Banega, Dybala; Messi; Agüero, Higuain. ¿No será mucho? Otros se conforman con menos. Dos chinos que viajan cerca nuestro, y que parecían muy felices con los festejos argentinos en los goles, de pronto se ponen a pelear a los gritos. No se sabe por qué. Un pibe argentino enfrente de ellos nos guiña un ojo y dice: “están viendo si el arquero tiene que ser Armani, Guzmán o Caballero”. Algunos recuerdan que a Nigeria siempre les ganamos en los Mundiales, Cuatro jugados, cuatro ganados. Nigeria que fue amigo durante un rato ahora es enemigo. Otros aseguran que Messi se va a destapar. Hasta se fantasea con la goleada. Y menos mal que estamos llegando a Moscú porque si seguimos un rato más seguramente íbamos a terminar dándonos manija entre todos para llegar a la conclusión de que podemos cantar que “vamo’ a salir campeone’ otra vez, como en el 86”.

Zenaida Urbano

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