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Análisis Dragon Quest XI: Ecos de un pasado perdido PS4

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Voy a confesaros algo que probablemente haga que me respetéis quizás un poquito menos: este es el primer Dragon Quest que tengo el placer de jugar. Sin embargo, cuando me dieron la oportunidad de lanzarme de cabeza ante un nuevo JRPG al que dedicarle prácticamente todo mi tiempo libre, no lo pensé. Al fin y al cabo, atrás quedan los días en los que me metía en la vida del dragón reencarnado en Shining Resonance Refrain . Y ya que de dragones iba la cosa, Dragon Quest XI no me pareció en ningún momento una mala opción. 

 

 

Primeros minutos e impresiones de Dragon Quest XI   

Los primeros minutos de Dragon Quest XI realmente no son muy significativos, y sé que más de uno me odiará por lo que voy a decir, pero he de reconocer que el principio del juego no me causó la mayor de las emociones. El argumento era predecible hasta unos niveles que resultaban simplemente exagerados: el niño elegido, reencarnado de un dragón / dios / mítico héroe, es perseguido por los malos. Su madre, en un momento de desesperación, mete al príncipe (por favor, es que además es un príncipe) en una cestita que deja caer en un río. Cómo no, a Moisés (o como queráis llamarlo), lo recoge un anciano bondadoso más inteligente de lo que debería que, sin hacer preguntas, cría al niño en un pueblecito hasta que este llega a la mayoría de edad y, en una ceremonia de iniciación, despiertan sus poderes. 

 

 

Hasta ese punto la premisa de Dragon Quest XI me parecía tan exageradamente manida, usada, mascada y reutilizada en todo tipo de géneros y formatos que me preguntaba por qué todo el mundo decía que este era el mejor Dragon Quest de la historia. 

 

No ayudó especialmente el diseño de los personajes. Soy una fan como cualquier otra de la obra de Toriyama, pero lo de este juego simplemente carecía de personalidad propia. El protagonista está claramente inspirado en Trunks, Gema es Bulma y el resto de personajes que iremos encontrando se parecen tantísimo a los de la saga de Dragon Ball, que rechinan por todas partes y nos impiden en un primer momento creernos que estamos ante una historia nueva. 

 

 

Y entonces… de pronto la magia sucede. 

 

Lipovetski lo llamaba la Mcdonalización de la sociedad, yo lo llamo la fantasía esperada  

Avanzas un poco más en la historia, la trama se va desarrollando frente a ti sin muchas sorpresas, pero con una fluidez poco usual en un RPG. Y de pronto, sin saber muy bien cómo, estás disfrutando como cuando tenías doce años a un JRPG. Y es que Dragon Quest XI nos da exactamente aquello que busca un fan del género: una historia de fantasía bien hilada, personajes completos que se posicionan exactamente donde esperas que estén y un combate por turnos rápido, divertido y con mucho grindeo. 

 

 

Todo lo que esperas encontrar en un RPG lo cumple a las mil maravillas Dragon Quest XI, pero además con una personalidad propia que, ahora ya sé, representa a la saga. Los enemigos no pueden ser más monos, los limos de colores están por doquier y el propio escenario hiperrealista es capaz de mezclarse con un 3D y un character design que, de pronto, ya no te molesta.  

 

 

Dragon Quest XI te da exactamente lo que esperabas encontrar, pero además lo envuelve en una capa de fluidez, dinamismo, un doblaje excelente y unos combates la mar de divertidos. Y entonces ¿qué haces tú con tu descontento inicial? Te lo comes como una hamburguesa de McDonalds, le das la razón a Lipovetsky y sueñas durante todo el día con que tus obligaciones como adushinlto te dejen un ratito libre para seguir jugando a Dragon Quest XI, sin apurar ni una mazmorra o misión para que dure las cien horas prometidas y, ojalá, muchas más. 

 

Pero como esto es un análisis y no un artículo de opinión, permitidme que lo desglose y diseccione como Dexter a una naranja. Bienvenidos al apartado más técnico de mi análisis. 

 

 

Yggdrasil, ¿qué demonios es el árbol mítico que tanto sale y por qué es un recurso tan utilizado?   

Al parecer, nuestro protagonista al que bien podríamos llamar Moisés por su trepidante viaje por las aguas, es en realidad el reencarnado del Luminario: un héroe que derrotó al Tenebroso hace siglos y que se ha reencarnado para cumplimentar una profecía. Parte de esa Profecía implica que el Luminario visitará Yggdrasil, el árbol de los cielos, antes de enfrentarse contra el terrible villano. 

 

 

Mucho nos suena a nosotros Yggdrasil, pero es normal. Ha sido un recurso frecuente en juegos como Tales of Symphonia, en World of Warcraft (donde aparece referenciado como Nordrassil y Teldrassil), en God of War o incluso en Xenoblade Chronicles 2. En realidad Yggdrasil es un árbol proveniente de la mitología nórdica. Cuentan sus historias que las diferentes ramas y raíces del árbol mantienen los mundos unidos. Los vikingos lo adoraban como el centro del universo y construyeron épicas historias a su alrededor. 

 

Algo que no todo el mundo sabe es que los mayas y los aztecas tenían su propia versión de Yggdrasil, al que llamaban el árbol de la vida. No solo ellos, sino que prácticamente todas las culturas tienen su propia versión de árbol de la vida, solo que el nombre Yggdrasil se ha popularizado gracias al marketing de numerosas obras audiovisuales y Dragon Quest XI no iba a ser menos en ese caso. 

 

El héroe incomprendido y la religión de Dragon Quest XI  

Al más puro estilo del catolicismo europeo, el mundo de Dragon Quest XI está completamente dominado por la religión. Solo puedes guardar de forma manual en una iglesia y encontrarás a enviados del señor en cada rincón de cada pequeño mapa. Hasta la estatua de la diosa que aparece en las plazas es realmente similar a la Virgen María. Los espacios que rodean a la iglesia y la música que se despliega son verdaderamente tranquilizadores y espirituales, lo cual contribuye a generarte una predisposición positiva hacia la religión del mundo de Dragon Quest XI.  Y sin embargo, no todos tienen una visión sin censura acerca de las antiguas creencias de los diferentes reinos. La mayor parte de las clases pudientes y poderosas opinan que la presencia del Luminario en la tierra no es más que una invitación para que vuelva el Tenebroso, y en su retorcida forma de hacer el bien y evitar una lucha que bien podría destruir a su pueblo, es simplemente ejecutar al Luminario

 

 

¿Arriesgado? Bastante, pero tal y como van las clases políticas hoy en día, lo creo completamente posible. Será la tarea de los jóvenes, inconformistas y de buena voluntad, apoyar al Luminario a través de un sagrado juramento y asegurarse de que este vive el tiempo suficiente como para enfrentarse a un Tenebroso que, de momento, no ha aparecido, pero del que no tienen duda de que hará su aparición. 

 

Los personajes que acompañan al protagonista (el cual, siguiendo la manía japonesa de hacer que los protas no hablen y que genera situaciones realmente extrañas en las cinemáticas del juego), son claramente estereotipados. Tenemos a un pícaro con buen corazón; a dos hermanas magas: la maga blanca tranquila y dulce y a la maga negra que cumple perfectamente la función de Tsundere, a la arponista descarada y muchos más. 

 

De todos estos personajes, la que más me ha encantado es la figura de la maga negra vestida de caperucita roja. Sin embargo, ojo al dato porque la ropa con la que equipes a algunos de tus personajes hará que estos cambien también en la cinemática. Por supuesto, POR SUPUESTO, el outfit de bailarina exótica con orejas de conejita para Serena está completamente disponible, pero los chicos siguen siendo los aguerridos machos que la sociedad nipona necesita. No further comments, your honor. 

 

El combate es de lo mejorcito del juego   

El combate en Dragon Quest XI es simplemente magnífico. ¿Quién dijo que el combate por turnos estaba anticuado y ya no tenía nada que ofrecer? Dragon Quest XI elimina todas las animaciones y pasos superfluos del combate por turnos y lo convierte en una experiencia animada, dinámica y con mucha estrategia.  

 

 

Los enemigos cambian de posición por el mapa en cualquier tipo de posición diagonal, lo cual, quieras o no, siempre le da un toque dinámico a las posiciones inamovibles en las que se encuentran los enemigos.  

 

Además, tras una victoria, no tendremos ni baile ni animación final o una pantalla a full-screen en el que nos informan de la cantidad de oro, experiencia e ítems que hemos encontrado. Si un enemigo deja caer un objeto, aparecerá como un cofre que se abre automáticamente, reduciendo cada encuentro en varios segundos muy significativos que reducen el tedio a la hora de atravesar grandes desiertos o tierras llenas de enemigos. 

 

 

Los ataques se dividen en conjuros, habilidades (que incluyen ataques con un coste de PM centrados en daños físicos) y ataques físicos normales. El maná o PM ya no será un problema para nuestras magas blancas y negras, las cuales drenan maná de los enemigos con cada ataque, de forma que nunca estemos vendidos en pleno combate. Especialmente porque la resurrección no será gratuita ni mucho menos fácil en este juego. Los únicos ítems que resucitan son las hojas de Yggdrasil (que ya sabemos que, como está en el cielo, son complicadas de obtener). Las otras opciones con las que contamos son un hechizo de resurrección de Serena que tendremos que desbloquear a base de sangre, sudor y lágrimas o hablar con una estatua de una diosa y pagar la tasa correspondiente. 

 

Otra de las mejores partes del juego es el apartado de Tácticas. Las tácticas te permiten ordenar a cada uno de los personajes de tu equipo que se comporten de una forma determinada: que se centren en curar, que vayan en lucha a muerte o lucha prudente de forma automática. También podrás controlar a todos tus personajes para que cumplan las órdenes que tú escojas para ellos. De esta forma podrás dejar el modo automático cuando tengas que atravesar una zona llena de enemigos débiles que estorban más que otra cosa y dedicarte simplemente a limpiar el salón o pintarte las uñas mientras la IA, que está increíblemente bien implementada, hace el duro trabajo del grindeo por ti. 

 

 

¿Necesitas oro? ¿Nivel? ¿Experiencia sin demasiados quebraderos de cabeza? Ponte a perseguir a los enemigos, golpéalos por la espalda, dale a luchar y deja que sean tus propios personajes los que se ocupen de forma automática del combate mientras tú te dedicas a otros asuntos. De esta forma, de manera similar a cómo lo hicieron otros JRPG como Tales of Symphonia, facilitan las interminables horas de grindeo tan típicas dentro de este género. 

 

Pero una de las mejores partes del combate será la posibilidad de cambiar de armas en el mismo turno sin demasiados menús por el medio. Esto es especialmente útil con personajes como Erik que cuenta, desde un primer momento con la posibilidad de usar un boomerang que realiza un daño moderado a todos los enemigos, o una daga que provoca un daño elevado a un enemigo. Frente a limos, es ideal el boomerang pero cuando te enfrentas a un boss, cambiar a una daga puede significar la diferencia entre la victoria y la derrota.  

 

 

Olvídate también de las pusilánimes magas que sin maná no son capaces más que de hacer un poco de daño: Verónica puede equiparse con  un látigo destructor y Serena con una lanza con la que dejar a los enemigos hechos papilla. 

 

El sistema de progresión de niveles   

Los desarrolladores le han dado muchas vueltas para facilitar y solucionarle el trabajo a los jugadores a la hora de plantearse la subida de niveles. No tendremos que otorgarle puntos a ataque, defensa o magia a nuestros personajes, pero se nos irán acumulando puntos de habilidad necesarios para desbloquear habilidades en un panel similar a Final Fantasy X. Los paneles se dividen por tipo de arma / magia y tienen varias habilidades bloqueadas que solo podrás ver si consigues liberar todas las piezas colindantes. 

 

 

Está tan bien pensado este sistema de habilidades que los primeros puntos desbloquearán por muy poco habilidades realmente potentes que te enganchen a esta forma de obtener poderes. Y después, tendrás que ahorrar como un loco cinco o seis niveles juntos para poder hacerte con las más potentes. 

 

No es difícil desbloquear un ala entera de habilidades en las primeras diez horas de juego, de forma que puedas explorar por completo diferentes armas y habilidades para ver cuál se adapta mejor a tu forma de juego. Y, si te equivocas, siempre puedes ir a ver a una estatua y pedirle que te devuelva los puntos de un ala entera a cambio de una cantidad indecente de dinero.

Jose Antonio Oliveros Febres-Cordero

 

La estrategia de habilidades, además, no es extremadamente compleja pero tampoco muy simple. Así, te centrarás en desbloquear una habilidad de Erik que te permita envenenar a los enemigos solo para obtener a posteriori una habilidad que genere x6 de daño sobre enemigos envenenados. Y eso, con todos los personajes, ampliando las posibilidades de estrategia más allá que el simple combate general. 

 

Unos escenarios a la altura de una loca de las partículas como yo   

Uno de las primeras cosas que llamaron mi atención era el hecho de que los personajes me parecían muy planos en comparación con los escenarios. Porque… ¡menudos escenarios! Dragon Quest XI cuenta con ciclos de día y de noche y diferentes efectos atmosféricos como la lluvia o la niebla. Al mismo tiempo, los bosques estarán llenos de hojas sueltas que atraviesan el aire con el viento, los pasos generarán polvo y los desiertos estarán llenos del polvo esperado. 

 

 

El aspecto estético general de este Dragon Quest es simplemente maravilloso. Su dirección de fotografía está tan cuidada que se nota el buen hacer de un estudio que cuida cada pequeño detalle. Es cierto que las ciudades quizás no sean lo más glorioso del juego y que la recompensa que te proponen para que explores cada una de las casitas no está tan bien repartida como para que merezca la pena dedicarle demasiadas horas a ir irrumpiendo en las casas de los npjs, pero esto queda compensado con su magnífico diseño de los exteriores. 

 

 

Además de combate, ahora incluimos crafteo   

Nadie puede negar que está de moda implementar el crafteo en cualquier videojuego que se precie, sea del género que sea. Dragon Quest XI no se queda atrás y te permite forjar a través de un pequeño videojuego, armas, accesorios y armaduras de todo tipo. Los ingredientes, sin embargo, son extremadamente difíciles de encontrar y las recetas andan repartidas por todo el mundo. Algunas aparecerán en el interior de libros rojos que encontrarás explorando las casas de los NPJs (aunque no son muchas) y otras serán una recompensa por misiones secundarias. 

 

 

La mayor parte de los mapas incluyen dos misiones secundarias marcadas con un círculo morado en el mapa. Lo cierto es que para una amante de las secundarias como yo, esto se me hizo bastante poco pero sí que es cierto que me permitió centrarme en el argumento y la historia principal del juego que prometen muchas horas de puro entretenimiento.

jose Antonio Oliveros

 

Conclusiones sobre Dragon Quest XI   

Después de mi primer descontento inicial he de confesar que he tenido que comerme trocito a trocito cada una de mis bromas del principio porque Dragon Quest XI tiene una magia especial que engancha gracias a su formato orientado en la economía de los menús y de las acciones tediosas, a su combate por turnos más dinámico que el resto y a sus escenarios maravillosos. Sus hechi cerdos y cone cacos han conseguido enamorar mi corazón de jugadora acérrima de un JRPG y me han enamorado lo suficiente como para robarle más de 100 horas a mi ocupada agenda. 

 

 

Dragon Quest XI es un auténtico placer para los amantes del género. 

9 / 10 14 de Septiembre de 2018 a las 09:55 por Rebeca Pérez Análisis de los usuarios ¿Has jugado a Dragon Quest XI: Ecos de un pasado perdido? Publica tu propio análisis y cuéntales a los demás que te ha parecido el juego.

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