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"Festival de la Muerte": el ambicioso concierto hippie que terminó con tres muertos

En medio del verano de 1971, The New York Times predijo la muerte inminente del festival de rock. No habían pasado aún dos años de Woodstock, y sólo cuatro desde Monterey Pop, y 31 años, más o menos, antes de que se abrieran las puertas del primer Bonnaroo.

Cezar Juan Trevino

El ímpetu de esa declaración dramática no fue el Altamont Speedway Free Festival, que terminó en tragedia 18 meses antes, con la muerte a puñaladas de Meredith Hunter, una fan de 18 años, a manos de los Hells Angels, contratados para la seguridad del evento, pero cuyo nombre aún no era la clave ubicua para la pérdida de la inocencia de los sesenta. El “culto del festival de rock”, informaba el Times, “mostró señales… de sucumbir en discordias y desilusiones en un campo bañado por el sol en Louisiana.” El evento que describía la historia tenía un nombre esperanzador -el Celebration of Life Festival- que luego se volvería irónico.

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La plantación de 300 hectáreas en la comunidad rural de McCrea, a casi 100 kilómetros al norte de Baton Rouge, fue confirmado como la sede del festival en una conferencia de prensa el jueves 17 de junio de 1971 -apenas cuatro días antes del evento, que prometía ocho días de shows de grupos como Beach Boys, Pink Floyd, Miles Davis y B. B. King, entre otros. Ninguno de los grupos terminaría tocando. En su lugar, habría un catálogo casi bíblico de plagas, entre ellas mosquitos, falta de comida y agua, una violencia incapacitante a manos de la policía y la seguridad contratada al igual que entre asistentes al festival, y debido a la cultura de la droga distópica y el río Louisiana Sur cenagoso, al menos tres fatalidades confirmadas.

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Steve Kapelow, el promotor de 29 años del Celebration of Life, dijo que el retraso en el anuncio de la sede fue deliberado, en parte para evitar intrusiones de gente sin entradas como las que habían afectado al Atlanta Pop Festival el año anterior, en el que había trabajado con el legendario empresario del rock de Georgia, Alex Colley. En aquel evento, las personas sin entradas aparecieron en tal cantidad y con tanta fuerza que los promotores -como en Woodstock– tuvieron que dejar que todo el mundo entrara gratis. Pero también había resistencia del gobierno local para ofrecer sedes, incluyendo una granja cerca de Hattiesburg, Mississippi, que Kapelow y compañía habían alquilado tentativamente. Un informe en la edición del 3 de junio del Times-Picayune de Nueva Orleans citaba a un sheriff de Mississippi que decía que el festival iba a necesitar una orden judicial que lo obligara a darles el permiso. El mismo artículo decía que Kapelow también pensaba en hacer su fiesta “en una isla en el Río Mississippi“.

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El festival no tenía buena promoción local. En un número que salió la semana después del festival, la editora del diario underground de Nueva Orleans NOLA Express, señalaba que ella sólo había escuchado acerca del Celebration of Life en un aviso en Rolling Stone. Aún así, mucha gente había comprado entradas anticipadas a 28 dólares (serían 175 en dólares de 2018) por correo, y había hecho lo mejor posible para llegar a dónde pensaban que sería el recital. Más o menos 300 fans fueron eyectados de la playa en Slidell, al norte del Lago Pontchartrain, el día antes de la conferencia de prensa donde se declaró la sede de McCrea; la policía le dijo al Times-Picayune que estaban diciéndole al grupo desplazado que fuera a Gretna, una ciudad pequeña al otro lado del Río Mississippi, desde el norte de Nueva Orleans, donde Kapelow y compañía tenían sus oficinas

Un informe de Associated Press que también se publicó el 17 de junio citó al Director de Seguridad Pública de Louisiana William Dent, alguna vez agente del FBI, quien solicitaba “ayuda absoluta de la policía estatal para evitar que ocurriera el festival”. Dent leyó una declaración anti-festival donde decía que estaba “seguro de que todos los padres del estado se opondrían a este tipo de festival en un lugar en el que sus hijos e hijas podrían estar expuestos, quizás por primera vez, a la marihuana y la permisividad que la acompañaba”

El naciente “culto del festival de rock” llevaba un suficiente tiempo como para que tipos sospechosos como Dent supieran que no querían uno en el jardín de sus casas. Pero las barricadas exitosas que puso el gobierno local, y la demora para asegurarse una sede, resultó ser una de las razones que hizo que el Celebration of Life fuera, según la mayoría de los relatos, una de las verdaderas debacles épicas en la historia de la música en vivo en Estados Unidos. Stephen Fromholz, el fallecido cantautor texano, estuvo ahí como parte del grupo de Stephen Stills, y en 2013 recordó el evento junto a un par de estudiantes graduados de la Southeastern Louisiana University, Nick Brilleaux y Scott Caro, que filmaron un documental llamado McCrea 1971 : “En ese pantano murió gente”, les dijo Fromholz. “Fue feo-feo. El festival de la muerte, me pareció a mí.”

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Con ocho días de shows anunciados, el Celebration of Life era ambicioso bajo todo punto de vista. Las atracciones publicitadas hacían que sonara como uno de los mega-festivales de hoy en día: además de intérpretes como Ike y Tina Turner, John Lee Hooker, los Flying Burrito Brothers, Sly and the Family Stone, y más, también habría una vuelta al mundo, trapecistas, animales de circo (aparentemente había al menos un elefante), yoga, talleres y seminarios sobre astrología, macrobióticos, vudú y domos geodésicos, una conferencia de Peter Max sobre arte gráfico y “un centro espiritual grande” con meditación, canciones, ejercicios y “zapadas de sitar” lideradas por “maestros de todo el mundo”

Pero incluso considerando que glamping todavía no era una palabra en 1971 -ningún asistente al festival esperaría nada parecido a la infraestructura de los festivales del siglo XXI- serían necesarias semanas para construir una sede que pudiera recibir a los 50.000 fans que los publicistas decían que estaban en camino. Cuando finalmente recibieron la aprobación para empezar en McCrea, tenían apenas tres días

“Yo tenía un póster que me prometía el mundo”, le dice Joanne Riccobono a Rolling Stone . Su esposa y ella estaban camino a Colorado, pero los artistas parecían tan buenos -y ella hacía dos años la había pasado fantástico en el New Orleans Pop Festival en Prairieville, otra co-producción de Kapelow, con Jefferson Airplane y los Grateful Dead- que decidieron hacer una parada en el festival. Si llegaban temprano y colaboraban con la preparación, ella había escuchado, podían entrar gratis. Pero cuando la pareja manejó con su van hacia la plantación de soja llamada Cypress Pointe “estaba muy poco organizado”, recuerda ella. “Parecía un campo de refugiados en lugar de un festival. Salimos corriendo después de unos días. Me acuerdo de estar muy desilusionada, los grupos seguían bajándose.”

El festival debía comenzar el lunes y el primer grupo subió al escenario recién el jueves. Muchos de los artistas importantes que estaban anunciados se bajaron porque tenían otras fechas.

El hecho de que tuvieran un lugar alquilado y permisos no significaba que las autoridades estuvieran dispuestas a dejar que empezara el Celebration of Life a tiempo -en particular el departamento de salud, que dudaba que la infraestructura sanitaria pudiera manejar a las multitudes que ya estaban ocupando los pequeños caminos hacia Cypress Pointe-. La policía de civil hacía arrestos por posesión de drogas con facilidad, cuando los hippies atrapados pasaban el tiempo fumando porro en un embotellamiento estilo Woodstock -lo cual también dificultó que entrara el abastecimiento a la sede-. Los fans rápidamente vaciaron las pocas pequeñas tiendas que servían a la reducida comunidad rural

“Por suerte, estábamos preparados”, dice Riccobono. Su van tenía provisiones para el viaje hasta Colorado. “Pero estoy segura de que mucha gente no tenía nada de agua ni de comida.”

Finalmente, los funcionarios del departamento de salud descubrieron que la sede tenía, al menos, baños para menos de la mitad de la cantidad de gente que se esperaba, y decidieron dejar que comenzara el festival. Pero como el inicio de se había demorado tanto -debía arrancar un lunes, y el primer grupo subió al escenario el jueves-, según recuerda Joanne Riccobono, muchos de los grupos importantes, que tenían otras fechas de verano, se bajaron. (Cuando todo terminó, un buscador de talentos del festival le dijo a Chet Flippo, de Rolling Stone, que Cat Stevens había esperado casi tres días, pero finalmente se tuvo que ir sin tocar). Los fans habían llegado a Cypress Pointe, pero se trataba de un dudoso logro

Para peor, el sur de Louisiana es dolorosamente caluroso en junio, una mezcla de humedad tropical, montones de mosquitos y, como informó Flippo desde la escena, “muy pocos cipreses” que ofrecieran un poco de sombra a los más o menos 50.000 hippies y fans de la música que se reunieron esperando a las estrellas. Cuando empezaron los shows, tuvieron lugar entre las 6 p.m. y las 6 a.m. para evitar el calor del día, lo cual hacía que hubiera largas horas de aburrimiento y sudor para los fans sedientos que, según las imágenes del documental de media hora de Brilleaux y Caro, se ponían rosados por el sol. El agua potable escaseaba; un granjero vecino donó tanques de agua que tenía para sus animales. Las publicidades habían sugerido que los fans disfrutarían de “campos de tréboles”, pero según Flippo, “cada mañana renovaba una batalla personal por la supervivencia. Primero era la búsqueda de un camión de agua que todavía tuviera agua. Eso llevaba una o dos horas. Después había que buscar suficiente comida para el día, porque lo que hubieras llevado probablemente ya había sido robado, y a menos que tuvieras una credencial de seguridad, no podías salir de la sede para comprar alimentos”. Los vendedores de comida de adentro, escribió, subían los precios para explotar la demanda. En un momento, un grupo de invitados organizó una toma revolucionaria de un puesto, y redistribuyó comida entre la gente

“Era muy incómodo”, dice Riccobono. “El público no se sentía bien. Al principio, teníamos miedo de la policía, pero después teníamos miedo de la gente de ahí… Cuando nos fuimos, pensábamos que podía pasar cualquier cosa.”

La cosa se puso rara y muy oscura. Una noche, cuando unas ráfagas de tormenta empezaron a ofrecer un pequeño descanso a un público insolado, parte del escenario se cayó, golpeando a un plomo. “Fue el accidente más horrible que yo haya visto”, le dijo Steven Smith a los estudiantes cineastas. “Estaba ahí tirado en el piso con los ojos abiertos, con un andamio arriba del cuerpo. Milagrosamente, llegó al hospital.”

No todo el mundo tuvo tanta suerte. Durante los calurosos y aburridos días antes de que empezaran los sets nocturnos, los fans iban al río Atchafalaya, amplio, marrón y movedizo y que, aunque era el único lugar obvio para refrescarse, también era una pésima idea. Los vecinos, que daban vueltas en sus botes pesqueros para ver con binoculares a los bañistas desnudos, no eran el problema. Cualquiera que se alejara de la costa quedaba a merced de corrientes fuertes. Dos cuerpos -el de Wayne Edward Green, de 19 años, y el de Edwin Thomas Hardy Jr., de 20 años- fueron retirados sin vida del agua y luego identificados. Hay imágenes de un rescate en la película, probablemente de alguien que filmó a mucha gente bañándose desnuda, y de un bote de Louisiana Wildlife and Fisheries que se acercó con un brazo humano atascado en la popa y saliendo del agua

Corrían las drogas, faltaba la comida y el agua, y varias personas perdieron la vida en esta reunión en Louisiana. ¿Cómo fue que lo que se suponía que sería una utopía hippie se fue de las manos? Crédito: Bill Ray-The LIFE Picture Collection-Getty Images

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Steve Kapelow, la cara del evento y su aparente financista principal, era el hijo de un rico empresario de la construcción llamado Paul Kapelow, quien bautizó calles y barrios –Carol Sue Avenue, Terrytown- a partir de los nombres de sus hijas en la zona metropolitana de Nueva Orleans. El Kapelow más joven supuestamente invirtió medio millón de dólares en el Atlanta Pop Festival, y co-produjo el New Orleans International Pop Festival de 1969, donde Joanne Riccobono y sus amigos lo pasaron tan bien. También trabajó el mismo año en el Toronto Rock and Roll Revival

“Él consideraba que Nueva Orleans sería su aprendizaje”, dice Scott Caro, uno de los realizadores de McCrea 1971. “Esto demostraría su poder.”

Elizabeth Shannon, artista visual y curadora que se crió cerca del río Atchafalaya (“Por supuesto que no”, responde, cuando Rolling Stone le pregunta si se hubiera involucrado en el Celebration of Life) lo conoció durante sus años en la universidad en Nueva Orleans. Ella lo recuerda como alguien siempre dispuesto a ver conciertos nuevos, y a lo grande: se tomaban aviones privados a Houston o Jackson, Mississippi, para ver un show, y volver la misma noche

“Era maravillosamente entusiasta acerca de las cosas. Tenía una personalidad extravagante, y era contagiosa”, dice. “Nunca lo vi triste.” Tratar de lograr el salvajemente ambicioso Celebration of Life era exactamente el tipo de desafío que le gustaba a él

“Un festival de ocho días suena como algo totalmente loco”, dice ella. “Pero él quería superar algo, quería que fuera la cosa más grande de los Estados Unidos.”

Extrañamente, tenía una suerte de homólogo en Quint Davis, el rostro naciente del New Orleans Jazz and Heritage Festival, que esa primavera había tenido su segunda edición (y en 2019, tendría su número 50). Davis también era un joven fan de la música de una familia prominente -su papá era un arquitecto famoso- con grandes sueños, pero mejor suerte; tenía al empresario de Newport George Wein como mentor. Davis se enteró del show grande en McCrea y llenó un bus con músicos tradicionales de Nueva Orleans. Pero cuando llegaron, como le dijo el cantante de góspel Sherman Washington al Times-Picayune en 2002: “Las mujeres salían desnudas del río. La gente empezó a pelearse, y estaban fumando unas pipas. Quint dijo: ‘Todo el mundo al ómnibus. Nos vamos de acá’.”

De hecho, las advertencias de Dent, el Director de Seguridad Pública, acerca de la marihuana, no eran nada en comparación con el informe detallado de Flippo, que relató una escena tensa y repleta de drogas en el campo. Reinaban las drogas duras; había carteles improvisados que identificaban lugares como “Calle de la Heroína” o “Avenida Cocaína”, donde se vendían jeringas por un dólar. La droga se llevó otra vida:: Randy Runkle, de 19 años, murió de sobredosis de metadona en la sede del festival. Y aún con el recuerdo fresco de Altamont, Kapelow decidió contratar a una pandilla de motoqueros, los Galloping Gooses de Nueva Orleans, como equipo de seguridad. Según numerosos informes, lo que hicieron en su lugar fue intimidar a los fans para que les dieran dinero, agredir a las mujeres y pegarles a los hombres

“Tenían una seguridad muy dudosa”, dice Jimmy Robinson, un guitarrista de Nueva Orleans que tocó en el festival con su grupo, Ejaculation, bautizado por las breves plegarias que él y sus compañeros de banda debían realizar en la secundaria católica de la que se habían graduado un par de meses antes del Celebration of Life. Ejaculation llegó un par de días antes con su manager, Sam Hopkins, un estudiante de arte de la University of New Orleans, de veintipico de años. Hopkins se quedaba en el complejo de departamentos Gretna, propiedad de la familia de Kapelow, y que también funcionaba como oficina del festival, donde pintó paneles de madera pintados “con hongos, mariposas y escenas psicodélicas”, dice. Llevó al grupo adolescente a Cypress Pointe en su Ford Econoline un par de días antes, para adornar sus espacios en el campo como una suerte de instalación artística con inspiración lisérgica

“El plan era montarlas para que se pudiera caminar a través de las maderas”, dice Hopkins. “Pero se ensuciaron. Y la gente los usaba como cobertizos para cuidarse del sol, la lluvia y el clima.”

Aún así, Ejaculation tocó en un escenario paralelo y ayudó a los ingenieros de sonido

“Era un poco peligroso”, dice Robinson. “Me acuerdo de estar asustado. Había historias de motoqueros en la puerta que atacaban a la gente.”

Según el Time-Picayune, los Galloping Gooses también le disparaban al río donde nadaban los fans -haciendo que el Atchafalaya fuera aún más peligroso- y atacaron a uno de los subjefes del sheriff, quien finalmente logró echar a 30 motoqueros ése viernes a la noche. Al día siguiente, un agente antinarcóticos encubierto, al que bombardearon con botellas mientras realizaba uno de los más de cien arrestos del festival, le disparó al público e hirió a un fan en la pierna. La víctima del disparo fue arrestada por intento de asesinato y por iniciar una revuelta

El Dr. William Abruzzi, el famoso “doctor de Woodstock“, había sido contratado para servicios de salud, tratando malos viajes, insolaciones y golpes de motoqueros con un pequeño equipo. Supuestamente, daría un seminario sobre drogas como parte de la programación del festival, pero en su lugar, frustrado ante la incapacidad de los promotores de darle suministros médicos, o incluso agua potable, cerró su carpa y se fue. Eso fue el domingo, cuando apareció Steven Fromholz para tocar y ver “el festival de la muerte”. El lunes a la mañana, los organizadores -que habían dejado de intentar cobrar en las puertas- se rindieron y lo cerraron

“Había rumores todo el tiempo de que no iba a pasar, de que no iba a pasar”, hasta el último minuto, dice Robinson. “Este fue el final de esos festivales, en los que las cosas empezaron a ir muy mal.”

El principio de la historia -los embotellamientos, las autoridades anti-diversión- suena como esas cosas que luego terminan en un triunfo improbable del amor y la buena onda, un cuento de hadas de los sesenta. Pero no hubo alegría estilo Woodstock en McCrea. Al menos, no la suficiente como para compensar la oposición municipal “al culto del festival de rock” que había puesto al Celebration of Life en mal camino desde el principio. Múltiples relatos, incluyendo un blog de Fromholz, dicen que los asistentes les gritaban “fuck you” a los artistas en el escenario. Abruzzi le dijo a Flippo que nunca había visto una situación tan abrumadora: “Sin agua, sin comida, sin suministros; mugre, calor, mala comunicación, hostilidad.”

“Si bien no era una desesperación absoluta, era preocupación, fatiga, era el calor”, dijo el Dr. Samuel Hyde Jr. profesor de historia en la Southeastern Louisiana University, en McCrea 1971, que ganó un Emmy de estudiantes. “No había mucha felicidad.” Uno de los últimos planos de la película muestra una van en medio del campo de soja, inexplicablemente prendida fuego

“Este fue el final de esos festivales, en los que las cosas empezaron a ir muy mal”, dice el guitarrista Jimmy Robinson que tocó con su grupo en el festival de Louisiana.

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Kapelow dice que el festival fue un fracaso” , decía el titular de AP del miércoles. Lo más importante para el informe era el hecho de que el IRS hubiera cobrado impuestos en los recibos de las entradas, que sumaban más de 700.000 dólares. Habían estado en las afueras del festival en McCrea desde el viernes, cuando el departamento de salud también mandó a Kapelow y sus empleados una nota oficial advirtiendo que debían cerrar por condiciones sanitarias inseguras

La prensa alternativa local también intervino -y su versión de los eventos era interesante, menos oscura-. La tapa del siguiente número del quincenal NOLA Express mostraba a una pareja festivalera hippie, con flores en el barro que cubría sus cuerpos desnudos, implicando que algunos asistentes al Celebration of Life habían pasado un momento no tan malo. Eric Bookhardt, un crítico de arte y fotógrafo de Nueva Orleans que viajó a McCrea con amigos y pensó que las cosas estaban bien, sugirió que no estuvo muy fuera de la norma de los festivales de los sesenta. “Algunos de los amigos de la Universidad de Nueva Orleans que estaban en la onda paz y amor y LSD habían estado en Woodstock, y no tenían muchas cosas buenas para decir, hasta que leyeron que era algo que se suponía que les tenía que haber gustado”, le dijo a Rolling Stone

“Mi recuerdo puede ser más positivo que algunas cosas que escuchaste o leíste, porque nosotros estábamos con nuestro primer disco exitoso, todo era emocionante”, dice Jerry Amoroso, el guitarrista de un grupo de Baton Rouge en ascenso llamado Potliquor. En la época del Celebration of Life, habían lanzado su primer LP en el sello Janus, con reseñas favorables, pero no entraron a los rankings hasta el ’72. Aún así, habían tocado en el New Orleans Pop del ’69 (“Carlos Santana estuvo ahí, y nos parecíamos”, dice Amoroso. “Firmé muchos autógrafos por él”) y estaban emocionados de que el Sur por fin entrara en el mapa

“Había entusiasmo de que el país mirara a Louisiana, dice. “Era un lugar atrasado, donde la música se estaba poniendo fuerte, el rock sureño se estaba poniendo fuerte. Así que nosotros éramos un grupo sureño que estaba creciendo y tocaba en festivales, y a la gente parecía gustarle, así que mi opinión es un poco parcial.”

Y de hecho, si tenías tus propias provisiones y ninguna expectativa de lujo, era posible atravesar el festival bastante intacto. Sin un sistema de comunicación masivo -no hay reportes de que nadie se subiera al escenario para advertir acerca de los motoqueros desatados, por ejemplo, como con el tristemente célebre ácido marrón en Woodstock-, miles de fans desperdigados por cientos de hectáreas probablemente estuvieran incómodos, pero no de manera miserable. Rosie Rosato, un reciente recluta del ejército destinado a Fort Polk, a dos horas del festival, estaba entre ellos, aunque por razones más dramáticas. Su lugarteniente, ex compañero de la universidad, sabía que la compañía estaba camino a pelear en el Sudeste Asiático. Les dijo a cuatro soldados, entre ellos Rosato, que nos necesitaba para una misión especial -y después les dijo que se pusieran ropa de calle y caminaron hacia el festival de rock durante 48 horas

“Estaba todo horrible y cenagoso, ¿pero a quién le importaba?”, dice Rosato, casi 50 años después. “El último día, a la mañana, nos comimos tres ácidos y nos volvimos locos. Yo veía flashes de luz azul saliendo de las manos de un guitarrista.”

“Por más hippies que fuéramos, ya estábamos en el ejército, así que entramos como Boy Scouts”, dice. “Teníamos ponchos y provisiones y litros de agua. Para nosotros, era mejor que un campamento, porque había música, chicas y porro. Y sabíamos que pronto estaríamos en Vietnam.”

En una sección especial del Express con editoriales acerca del Celebration of Life, apareció una sorprendente cantidad de defensores del evento. Un colaborador llamado Mike Jolley escribió: “¿Se pueden imaginar a gente de todo el país, extraños, juntándose en un pantano, riéndose, pasándose barro los unos a los otros, hablando con honestidad y pasándola bien? No pasa muy seguido. La atmósfera general fue muy agradable.”

La editora Darlene Fife, en su pieza de página completa, les recordó a los lectores que Kapelow venía de una familia rica (“y a los 29, es dueño de su propio restaurante Sizzleboard”) y había empezado todo esto con un ojo puesto en el balance. Jolley también lamentó la intrusión del dinero: “El capitalismo hip está entre nosotros en Nueva Orleans desde hace un tiempo”, escribió. “El Celebration of Life fue otro ejemplo de cómo nunca vamos a ser libres. Siempre y cuando tengamos que pagar para ser libres.” Y otra escritora, que firmó sencillamente como Stephanie, estaba dispuesta a dejarlo pasar. “La gran mayoría de ustedes estaba demasiado ocupada quejándose de las condiciones como para darse cuenta de la diversión que podrían haber tenido… Así que no lo culpen a Kapelow, él hizo lo que pudo. Cúlpense a sí mismos por dejar que el gobierno se llevara lo mejor de ustedes otra vez!”

La defensa de un colaborador anónimo del NOLA Express también funciona como la única reseña musical del festival -aunque fue escrita con una cantidad no pequeña de hostilidad hacia aquellos que lo criticaban-

“Gente, ¿qué nos pasó?”, escribió el hippie agresivo. “Acabo de volver del festival y lo único que se escucha son quejas… todo el mundo está tan ocupado con sus quejas que se olvidó de pasar un buen momento.”

“El show de fuegos artificiales fue el más largo, y quizás el mejor, de la historia”, escribió. “Oh, SI, si pensabas que la música no empezaba el miércoles a la noche, te perdiste a FIRE AND WIND y el escenario de la RAINBOW PEOPLE… las dos noches tuvieron a FIRE AND WIND en el escenario principal, y luego BLOOD ROCK COUNTRY JOE MCDONALD Y LOS CHAMBER BROTHERS. man, estuvo bueno.” Así que al menos, a diferencia del Fyre Festival de 2017, los fans pudieron escuchar algo de música y ver fuegos artificiales

El New York Times, por supuesto, no acertó en la predicción de la muerte del festival de rock. Pero no fueron los únicos que sintieron que el caos del Celebration of Life era un punto de inflexión de una tendencia para la que, escribía el Times, Altamont había sido “el primer golpe” -como dijo Robinson, las cosas estaban empezando a salir mal-. El 17 de julio de 1971, un mes después de que Steve Kapelow confirmara su sede, la célebre crítica Lillian Roxon escribió, en una pieza para el Sydney Morning Herald titulada “¿Es este el fin del festival?”, que: “la semana pasada no fue una buena semana para la música rock”. El Fillmore East había cerrado. Los asistentes al Newport Jazz le habían tirado botellas a la policía. Ella se refirió al Celebration of Life como “el desastre de Louisiana

“Estamos cansados de que nos digan que es el fin de una era”, escribió. “Todo el mundo lo entiende. Este es obviamente un período de cambio, y un cambio incómodo.” La cobertura del festival parece por momentos un argumento de que los sesenta duraron sólo un verano en el que todo el mundo estuvo de acuerdo, y después un par de años más discutiendo acerca de cuándo había terminado

En 2005, viviendo con su familia en Wyoming, luchando contra un trastorno de bipolaridad, Kapelow se suicidó, tras varios intentos fallidos. Aunque seguía interesado en la música en vivo -Shannon dijo que siguieron viajando a ver shows hasta bien entrados los 70- excepto una breve incursión en la producción de videos de sexo terapéutico en los noventa con su cuarta esposa, Loren, se mantuvo en el negocio inmobiliario de su familia. Nunca organizó otro festival de rock

Alison Fensterstock

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